Le perteneció a Juan Manuel Solórzano, un hombre que le
vendió su alma al diablo con tal de conocer a la persona con la que su mujer lo
engañaba. A cambio, Satanás le pidió que por el resto de su vida, cada día a
las 11 de la noche, saliera de su casa y matara al primero que pasara por ahí.
Juan Manuel decidió hacer lo que se le había ordenado. Sin embargo, no pudo más
con el remordimiento y decidió confesarse. Pero, al tercer día de contarle sus
crímenes al padre de iglesia, fue encontrado muerto. Dicen que los espíritus de
las personas que asesinó lo llevaron al suicidio. Desde ese día, se rumora que
se aparece un hombre afuera de esa casa preguntando la hora y si alguien le
contesta que son las 11 en punto contesta: "¡Dichoso aquel que sabe la
hora de su muerte!".





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